El día estaba oscuro, cuando salió a la calle la neblina espesa no lo dejaba ver con claridad, Guillermo camino unos pasos alejándose de la puerta de su casa cuando sintió pasos del otro lado de la calle, lo primero que se le ocurrió era que alguien caminaba por la otra vereda, pero cuando estaba por irse, sintió una respiración a sus espaldas, era un anciano, vestido todo de negro, al mirarlo se dio cuenta que la neblina había desaparecido, y su casa ya no era más su casa, al observar con claridad al anciano su rostro era extraño, pero había algo en el anciano que lo hizo pensar “quien es, se que lo conozco.....”, cuando estaba pensando, el anciano le dijo: “Guillermo no pienses más tu sabes quien soy”.
En esos momentos, esas palabras, generaron en el una sensación extraña, una mezcla de temor y paz.
Aun sin salir de su asombro Guillermo le pregunto: ¿”Quién es usted?, ¿Que es lo que quiere?”, el anciano esbozo una risa cómplice y le contesto con dos preguntas: “¿Si tu no puedes reconocerte a ti mismo, como esperas que alguien te reconozca?, ¿Si tu no sabes que quieres, como esperas que los demás te comprendan?”.
Empezaron a caminar por un bosque que Guillermo recordaba, en algún momento de su vida había estado caminando por esos mismos lugares, mucho verde a sus costados, un arroyo a su izquierda, el cielo estaba muy celeste, ¿cómo era posible?, el solo recordaba haber salido de su casa un día en el cual la neblina no dejaba ver con suficiente claridad.
Las preguntas del anciano empezaron a retumbar dentro de su cabeza y el no lograba comprender que es lo que el anciano quería decirle.
Al llegar a una colina, el anciano sin hablar le señalo la cima de la colina, y le dijo “Cuando estemos allí comprenderás todo, no desesperes, las cosas se deben dar a su debido tiempo, deja ya de pensar en lo que será y piensa en lo que es hoy”.
Empezaron a caminar lentamente a la cima de la colina, pero cada vez que Guillermo pensaba que estaban por llegar a la cima, esta se alejaba.
Luego de horas de caminar llegaron a la cima, Guillermo no comprendía aún, el anciano al observar su rostro le dijo “No desesperes”, Guillermo nervioso y curioso le dijo “Como no desesperar, llegue hasta aquí y sigo sin comprender, camine horas y horas y aún no puedo entender”. El anciano sonrió y le dijo “Tu corazón se niega a ver, tu impaciencia y el querer todo ya nubla tu vista, tranquilizate y observa”. Guillermo contesto: “Es fácil decirlo, tu no sabes lo que es jugarme una y otra vez, sin lograr ver un triunfo”, el anciano contesto “Quien te dijo que yo nunca sufrí, quien te dijo que no sé lo que pensábamos en este momento”. Guillermo aún más confundido le repitió “Me dirás quien eres y que quieres”, el anciano sonrío, y le dijo “Recuerdo este momento”.
Guillermo empezó a sentirse raro, sentía curiosidad por saber quien era ese anciano, pero tenía temor de la verdad.
El anciano le dijo: “Guillermo, ¿recuerdas cuando éramos niños y nuestra madrina postiza nos daba tanto amor al igual que nuestros padres y hermanos?, ¿recuerdas cuando andábamos felices porque las cosas salían como nosotros queríamos?, ¿recuerdas cuando Dios decidió que en tres años perdiéramos cuatro familiares?, ¿recuerdas el dolor que tuvimos?, ¿recuerdas cuando hicimos muchas cosas por revelarnos y nos olvidamos que estábamos sufriendo?, ¿recuerdas cuando quisimos empezar a cambiar y Dios nos mando ayuda para que lo logremos?, bueno si recuerdas todo eso comprenderás quien soy y que es lo que quiero”.
Al darse vuelta ya el anciano no era tal, Guillermo se veía a sí mismo y se daba cuenta que era el momento de cambiar muchas cosas que le estaban haciendo mal, el anciano antes de despedirse le dijo “Sí, soy vos, vine solo para que comprendas que no es tarde para que volvamos a ser como éramos, y no todo esta perdido, quedan muchas cosas por descubrir y te aseguro que no todas las veces que nos jugamos perdimos, en muchas ganamos, sí aunque no lo creas la vida es larga y te queda mucho por vivir, ¿acaso crees que siempre se gana?, bueno llego mi hora de retirarme, piensa muy bien lo que hoy aprendimos, y a no desesperar, ya veras, vendrán tiempos mejores y las cosas se solucionaran.”
Cuando Guillermo quiso preguntar algo estaba de nuevo en la puerta de su casa, pero la neblina ya no estaba, solo brillaban el sol y la esperanza dentro de su corazón.
By Guillermo Polito